sábado, 20 de marzo de 2010

Discurso breve de un Masón progresista.


Los grandes hombres, los rebeldes, están en el primer capítulo de cada leyenda que la humanidad ha registrado desde sus comienzos.


A lo largo de los siglos ha habido hombres que han dado pasos en caminos nuevos sin más armas que su propia visión. Moisés, Sócrates, Jesús, Copérnico, sus fines diferían, pero todos ellos tenían esto en común: su paso fue el primero, su visión fue trascendente y la respuesta recibida fue el desprecio y el odio de los burócratas inútiles. Estos héroes debieron pagar, muy caro, por su valentía.

Los grandes creadores, pensadores, artistas, científicos, inventores, enfrentaron solos a los hombres de su época. Todo nuevo pensamiento fue rechazado. Toda gran invención condenada. Prometeo fue encadenado a una roca para ser devorado por los buitres por haber robado el fuego a los Dioses. Pero desde entonces los hombres tienen fuego para calentarse, para cocinar, para iluminar sus cuevas.

El primer motor fue considerado absurdo. El avión imposible. El telar mecánico, un mal. A la primera anestesia se la considero pecaminosa. Sin embargo esos visionarios siguieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron por su grandeza. Pero sus logros se impusieron.

Somos herederos de esas luchas. Ahora estamos frente al mismo enemigo y está dentro de nosotros. Por ello la inteligencia tiende a desaparecer y los pueblos a destruirse. Argentina es el mejor y más reciente ejemplo del ciclo de auge.

Somos víctimas de la educación media clásica que nuestras universidades copiaron de Europa continental. En las universidades se formaron los parásitos saqueadores devenidos a gobernantes que son los causantes de este efecto mortífero. A ellos no les interesa la creación, las ideas, el trabajo. Solo se interesan por la gente. No preguntan: “¿Es esto cierto?”, preguntan “¿Es esto lo que los demás creen que es cierto?”. No juzgan, repiten. No hacen, dan la impresión de que hacen. No crean, aparentan. No tienen habilidad, solo amistades. No tienen méritos, solo influencias. No les interesa saber, les interesa que los demás crean que saben.

¿Cuál es su objetivo en la vida? Grandeza, a los ojos de los demás. Fama, admiración, envidia; todo lo que procede de los demás. Los demás le dictan sus convicciones. No quieren ser grandes, sino que los demás crean que son grandes. Los parásitos engañan y mienten, pero conservan una fachada respetable. Ellos se saben deshonestos, pero los demás creen que son honestos. Buscan poder, para que los demás los adulen. Profesan el amor hacia los inferiores y se cuelgan de los menos dotados para establecer su superioridad por comparación. Son hombres cuyo único objetivo es conseguir poder o hacer dinero para ostentar, impresionar y que la fachada cubra la miseria y el vacío que esconden bajo su piel.

Ellos son los destructores de los grandes creadores, son los que subvierten valores morales y destruyen países y civilizaciones enteras. Son hombres sin rumbo. Poder sin responsabilidad. No están abiertos al diálogo. No se les puede hablar, y ellos no pueden oír. Cuando alcanzan poder se comportan como primates asustados. Atacan para no ser descubiertos. Gritan para que los demás crean que tienen autoridad. Detrás de cada acto necesitan una encuesta para ver si lo que dicen es lo que los demás quieren oír. No buscan soluciones, buscan culpables. Quienes no están con ellos son sus enemigos. Tienen un odio especial contra los creadores y emprendedores. Reconocen a los independientes enseguida. Por instinto. Saben que frente a ellos quedan al desnudo. Aceptan cualquier cosa menos a un independiente que los hiere porque ellos no existen en él y esa es la única forma de existencia que conocen. Consideran que el hombre de genio es culpable por definición.

¿Este hermano, Masón y progresista, nos habla de la oposición, no?

Que de una vez por todas, y para siempre, la libertad, la igualdad y la fraternidad sean los pilares fundamentales de la sociedad Argentina y, mucho mejor aun, de la especie toda.

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